La primera vez que puede irme de vacaciones, tenía cerca de 20 años. Fui a Piriápolis (Punta Fría, mejor dicho), a la casa de un amigo del liceo. Nunca me voy a olvidar cuando íbamos subiendo una calle empinada rumbo a la casa, nos envolvía la oscuridad por completo y vimos muchas más estrellas que en toda nuestra vida. No volví a ver tantas ni con tal brillo de nuevo. No saqué fotos (no había celulares en esa época y las cámaras digitales eran caras), pero la imágen permanece en mi mente, recuerdo de recuerdos de recuerdos que cada tanto resurge.
Este es el blog deprimente que escribo, jaa
(riéndome del abismo)
(riéndome del abismo)
lunes, 23 de enero de 2017
miércoles, 20 de julio de 2016
Recuerdos en el éter
Ayer un amigo me contó
de cómo lo invité a jalar éter.
No recuerdo
haber jalado éter
en mi vida.
sábado, 26 de diciembre de 2015
Handsome Devil
Últimamente he pensado mucho en mi ex. No, el último no: el anterior. Cada vez que me pajeo, imagino su cara en la de ese señor mayor y gordo que se abusa de una chica. El mismo tipo de porno que miraba cuando recién empezábamos a curtir. Me acuerdo una vez que fui a su casa y a la ida dejé el asiento del bondi un poco húmedo por pensar en él. Había un colchón en el piso, música y un baño que no recuerdo si tenía agua corriente. Esa vez cogimos toda la tarde. Yo no podía parar ni tener suficiente. Decía "que esta sea la última vez, ya me está empezando a doler" y de la nada, por algún motivo que desconozco, me volvía a calentar al punto de necesitar que me garchara de nuevo, como si la vida se me fuera en ello. Es que había algo en su voz ronca por tantos años de excesos, en sus manos de nudillos quebrados, en sus brazos que eran como mis piernas, en su pija que era gruesa como mi antebrazo...
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En estos días he estado pensando mucho en él. Quizás porque hace un año que lo fui a ver por última vez. Ya no importa si su reacción fue justificada o no, si patear cosas es o no un acto de violencia, aunque no me hayan golpeado... Todo es pasado ya y, por suerte, está muy lejos. Es sólo que no puedo perdonar esos anillos que el miedo, el rechazo, la angustia del momento me impidieron ponerme y que no me hubiera molestado usar, por más que la sola idea del matrimonio me de asco. O la nena que por primera vez en la vida me parecía lindo llegar a tener.
Yo sé que en verdad al final no estaba enamorada, pero hubiera hecho cualquier cosa por poder seguir. Cualquier cosa menos sufrir.
miércoles, 25 de febrero de 2015
La gente indiferente nada siente
A la gente no le importa nada, ya ves.
Es mejor así.
Es mejor no poner demasiado de uno en cosas que no valen la pena o que te complicarían la vida.
No preocuparse; no sentir a fondo es una manera de seguir adelante cuando algo te hace mal. Pensás que no hay que ponerse en papel de víctima, que hay cosas peores, que no hay que darle tanta trascendencia a los problemas y que nadie vale tanto la pena como para amagarse la existencia.
Y dejás pasar.
Y te olvidás de que se olvidan de vos.
Y cuando, en algún extraño momento, parás a pensar que estás tan aburrida de todo, te das cuenta de que ya nada te afecta y nadie te toca el alma
que no existe.
El otro día fue un amigo a casa y se puso a hablar de viejas épocas. Sentí los recuerdos con la misma fuerza con que los viví. Mi grupo de amigos era gente intensa, hecha pelota, desequilibrada y disfuncional. El resto, eran una manga de caretas que tomaban pero podían frenar, que escabiaban y no llegaban a quedar
tirados por ahí
como yo...
Y eso era lo que me enamoraba
de la vida
y que ahora-por-favor-me-embola-tanto
como un matrimonio de años
empantanado en la rutina movediza como arena...
Es mejor así.
Es mejor no poner demasiado de uno en cosas que no valen la pena o que te complicarían la vida.
No preocuparse; no sentir a fondo es una manera de seguir adelante cuando algo te hace mal. Pensás que no hay que ponerse en papel de víctima, que hay cosas peores, que no hay que darle tanta trascendencia a los problemas y que nadie vale tanto la pena como para amagarse la existencia.
Y dejás pasar.
Y te olvidás de que se olvidan de vos.
Y cuando, en algún extraño momento, parás a pensar que estás tan aburrida de todo, te das cuenta de que ya nada te afecta y nadie te toca el alma
que no existe.
El otro día fue un amigo a casa y se puso a hablar de viejas épocas. Sentí los recuerdos con la misma fuerza con que los viví. Mi grupo de amigos era gente intensa, hecha pelota, desequilibrada y disfuncional. El resto, eran una manga de caretas que tomaban pero podían frenar, que escabiaban y no llegaban a quedar
tirados por ahí
como yo...
Y eso era lo que me enamoraba
de la vida
y que ahora-por-favor-me-embola-tanto
como un matrimonio de años
empantanado en la rutina movediza como arena...
domingo, 15 de febrero de 2015
Vilar de Bó', pariente!
A ese loquero fui dos veces a visitar a alguien. Las dos veces la misma persona. La primera, fue cuando el tipo me llamó la noche de mi cumpleaños para avisarme que se iba a matar. Escuché por celular el ruido que hizo la cuerda al colgarse. También, los gritos de la familia al descolgarlo, después de que yo llamara al teléfono fijo para decirles que lo fueran a ayudar.
La segunda vez, fue cuando este mismo pibe me rompió la casa en una noche de alcohol y pastillas. Irónicamente, eso era lo que nos unía; ser unos alcohólicos pastilleros. Quien a hierro (se) mata, a hierro muere.
La segunda vez, fue cuando este mismo pibe me rompió la casa en una noche de alcohol y pastillas. Irónicamente, eso era lo que nos unía; ser unos alcohólicos pastilleros. Quien a hierro (se) mata, a hierro muere.
martes, 27 de enero de 2015
Flashes
Tengo algunos flashes.
Por ejemplo, estar una tarde de sol lavando ropa en una pileta de cemento en el techo de la casa que alquilamos con la garantía del MVOTMA, que pasara alguien del apartamento que estaba al fondo, que mi mirada esquivara la suya y pensar que me sentía como un animal acorralado todo el tiempo y que parecía el típico cliché de minita golpeada.
Tengo otro flash de esa misma casa, pero abajo y de noche.
Me acuerdo del cachorro que habíamos encontrado en la calle y que murió de joven-edad, llevándose los últimos 1000 pesos que me quedaban ese mes, en un intento por curarlo (sacrificarlo era una opción demasiado triste, cuando lo miraba a los ojos y recordaba las veces que habíamos jugado juntos).
Me acuerdo que no tenía cama ni colchón y que mi pareja de ese momento se quejaba porque no me lo quería coger (es que me generaba rechazo, pero cuando le decía que no lo quería, me decía que estaba equivocada; que yo lo amaba). Entonces, me hacía chuparle la pija y meterle los dedos (una vez llegué a meter los 5). Yo trataba de pensar en otra cosa, porque me moría de asco, pero no tenía chance de zafar. Si le decía que no o notaba que no me estaba gustando, se enojaba. Una vez me agarró del pelo, me dio la cabeza contra la pared y me sostuvo por el cuello. Yo no asumía lo que estaba viviendo. Necesitaba preguntarle a alguien si eso realmente era violencia o si todas las parejas se peleaban así (es que crecí acostumbrada a los golpes y eso...). Me acuerdo que lloraba, sentada en el acolchado que teníamos sobre unos cartones en el piso, haciendo las veces de cama. Lloraba y le decía que tenía que ser la última vez que hiciera una cosa así. No sé qué me respondía él; no importa ya a esta altura, después de tantos años. Importa que durante mucho tiempo, cada vez que cogía con alguien, revivía esa sensación de tener la mente en otra parte; de ser espectadora de lo que le pasaba a mi cuerpo, de estar como ausente o en la dimensión paralela.
Si algún vecino escuchó alguna vez los gritos, nunca nadie dijo nada.
Si algún vecino escuchó alguna vez los gritos, nunca nadie dijo nada.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Fin del Mundo
El fin del mundo siempre me encuentra en Bs. As,
en brazos de quien nunca me habló de amor.
Esta vez, igual que la anterior,
el mundo estaba en pleno apocalipsis
y yo, buscándolo a él,
ni siquiera sé por qué.
¿Por qué justo este pibe?
¿Qué tiene que ver con nada,
si nunca siquiera pensamos
en una mínima chance de querernos?
Los caminos del caos son misteriosos
y llevan hacia el fin.
Distopía.
en brazos de quien nunca me habló de amor.
Esta vez, igual que la anterior,
el mundo estaba en pleno apocalipsis
y yo, buscándolo a él,
ni siquiera sé por qué.
¿Por qué justo este pibe?
¿Qué tiene que ver con nada,
si nunca siquiera pensamos
en una mínima chance de querernos?
Los caminos del caos son misteriosos
y llevan hacia el fin.
Distopía.
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